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miércoles, 11 de enero de 2012

Recuerdos de la Casa Oriente / Días de frío



Pero su presencia era ya una tortura. Todo en ella me asqueaba. Las bolsas de sus ojos, su incesante repetirme que me quería, que no podía vivir sin mí, su columna vertebral, cada vez más descarnada, las clavículas prominentes que se empeñaban en abultar más que los senos, su cuerpo de mujer madura, su olor agrio a hembra mal lavada. Era peor que sentirse perseguido. A veces me sentía incapaz… cerraba los ojos y pensaba. "


"La gangrena" (fragmento)


4 comentarios:

aina dijo...

Jo, vale más no pensar. Hasta a mí me asquea. suele haber mujeres (y hombres ) de esa clase y una se pregunta cómo su cónyuge puede soportarlo.

Muy amargo pero muy real.

Felipe Postigo dijo...

Como la vida misma :)
Gracias aina

azarilla69 dijo...

diosito... que tembladera.

Mario Saladich dijo...

Joder Felipe; que tragaderas...

Salud