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sábado, 14 de octubre de 2017

Paisaje urbano



En el espejo destacaban su espalda desnuda y el descenso suave de la nuca: me voy para siempre. No puedo más y lo sabes. Lucharon aun en ese último round que, inevitablemente, da un vencedor a los puntos. Sólo hubo que recomponer una percha con cuatro vestidos, algún disco que habíase deslizado de su funda ("You really got me" de los Kinks) y una pestaña postiza, no se sabe de quien que apareció sin esperarlo entre las páginas treinta y ocho y treinta y nueve de Madame Bobary. Después, cerrar la puerta, echar el último vistazo al pasillo, alargado más que nunca, y abandonarlo todo, no fue cuestión sino de hacerse al ánimo. Las lágrimas hay metérselas en el culo, se dijo y salió a la calle, a comprar algunas cosas y lanzarse, sin miedo a lo que dirían más tarde, bajo las ruedas del primer autobús que hallara en su camino. [...]

"De vampiros y otros asuntos amorosos", Alfons Cervera

sábado, 30 de septiembre de 2017

Breve crónica de la corrupción en España

No hay día en que no salga a la luz un escándalo de corrupción en nuestro país. La sociedad ha dado muestras de hartazgo ante el aprovechamiento personal por parte de unos pocos de sus puestos públicos privilegiados. Sin embargo, no es algo solo de ahora. El problema de la corrupción en España hunde sus raíces en muchos siglos atrás. Por: Javier Martín



Quizá aludir a “las cuentas del Gran Capitán” no esté hoy tan en boga como tiempo atrás. Sin embargo no hace mucho era una de las frases hechas más utilizadas para referirse a una cierta corruptela, normalmente relacionada con el ámbito doméstico. Con tal manifestación se hace referencia a aquellos balances económicos exagerados, a aquellas cuentas que de abusivas, hacen pensar que están hechas de una manera enviciada. Sin embargo, por otro lado, y en este caso en referencia a la respuesta que el protagonista de la anécdota, Gonzalo Fernández de Córdoba, dio a su interlocutor, Fernando el Católico, en la expresión puede asomarse también cierto matiz hasta cordial, en el que se aplaude la sagacidad del corrupto, su picardía. Quizá haya sido esta una de las grandes lacras unidas a las corruptelas, el que la sociedad considerase a los culpables personajes simpáticos, simplemente más avispados, una especie de descendientes del tan querido pícaro español del Siglo de Oro. Pero no nos vayamos tan lejos, volvamos a comienzos del siglo XVI. Regresemos al Gran Capitán.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Edith Piaf


En la mañana del 14 de octubre de 1963, decenas de miles de admiradores rindieron homenaje a través de las calles de París al coche fúnebre que transportaba hasta el cementerio de Père Lachaise los restos de Edith Piaf. Aunque el arzobispo de París se negó a concederle un funeral religioso por su vida amoral y llena de excesos, el abate Leclerc, capellán de la gente del espectáculo, le otorgó su bendición final en el momento en que el ataúd descendió a la tumba. Entre los miles de seguidores que pisoteaban sepulcros y flores, estaban su amiga Marlene Dietrich, Tino Rossi, Paul Merisse, Charles Aznavour o Gilbert Bécaud.

sábado, 26 de agosto de 2017

Sir Winston




A lo largo de su brillante carrera, Winston Churchill fue sucesivamente el hombre más popular y el más criticado de Inglaterra, y a veces ambas cosas al mismo tiempo. Considerado el último de los grandes estadistas, siempre será recordado por su rara habilidad para predecir los acontecimientos futuros, lo que en ocasiones se convirtió en una pesada carga para sus compatriotas.

Durante años, Churchill fue algo así como la voz de la conciencia de su país, una voz que sacudía los espíritus y les insuflaba grandes dosis de energía y valor. Su genio polifacético, además de llevarlo a conquistar la inmortalidad en el mundo de la política, lo hizo destacar como historiador, biógrafo, orador, corresponsal de guerra y bebedor de coñac, y en un plano más modesto como pintor, albañil, novelista, aviador, jugador de polo, soldado y propietario de caballerías.

sábado, 12 de agosto de 2017

Alfonso XIII, el sicalíptico


Antes de empezar a rodar, los productores hicieron un casting en el barrio chino de Barcelona, proceso de selección del que salieron las actrices protagonistas.

Las llamadas “sesiones golfas” mostraban películas subidas de tono en salas apartadas a horas intempestivas


Muchas de las modelos del rey habían sido sus amantes, damas más o menos respetables que habían aceptado posar atendiendo a los deseos lúbricos del monarca. Se cuenta que el rey atesoraba esas imágenes como preciados trofeos de sus conquistas.