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jueves, 10 de mayo de 2018

Hoy me he encontrado con Loreto, la Bolsos

Vaya sorpresa. No nos veíamos desde hace… ¿Doce años años? ¿Trece? No lo se. Tal vez desde el año que empezó la universidad.
Quien iba a pensar entonces que algún día nos daríamos besos y efusivos abrazos, en mitad de la calle, con el énfasis de los viejos amigos que se encuentran. ¿No lo fuimos? Bueno; exceptuando puntuales… No. No lo fuimos. Nunca nos caímos bien y si nos soportamos fue exclusivamente porque teníamos lazos comunes: sobre todo Petro. Ella estaba loquita por él, y él, aunque ya apuntaba para la otra acera, siempre fue agradecido con quien reconocía su sex-appeal.
Ya no luce su reputada melena, ni queda rastro de su figura espigada, y aunque también se ha vuelto pelirroja, se ha puesto gafas y viste con toda naturalidad esa ropa de burguesa que tanto detestaba, la he reconocido al primer golpe de vista. Ella a mi también; en realidad ha sido ella quien me ha visto saliendo de un estanco y ha empezado a llamarme a gritos.
Cogida a mi brazo, apoyando la cabeza en mi hombro, hemos caminado hasta el bar de Tony, que caía algo lejos para lo embarazosa que se me hacía la situación. Desde luego me ha impresionado su desparpajo y no menos el derroche de afecto ¿Tanto desengaña la vida que uno llega al extremo de negarse a sí mismo en aras de revivir un pasado más feliz? No he alcanzado una respuesta concluyente, porque ya tomábamos asiento en una de las mesas que fueron nuestras preferidas. Con una sonrisa encantada, sin dejar de estudiarme con esa curiosidad tan de la Bolsos, ha terminado de contar que no acabó filología, sino que se pasó a derecho, que trabaja en la central de tarjetas del BBVA en Chicago.

sábado, 14 de abril de 2018

Julián Borderas, el sastre que cosió la primera tricolor

La bandera tricolor nació como emblema republicano en el Pirineo cuatro meses antes de que el 14 de abril de 1931 fuera izada en Éibar. La cosió Julián Borderas, un personaje tan fundamental como poco conocido del republicanismo y el socialismo españoles, en la sastrería que regentaba en Jaca (Huesca), en el balcón de cuyo ayuntamiento ondeó durante el día y medio que duró el fallido levantamiento de los capitanes Fermín Galán y Ángel García.
Fue el primero de ellos, cercano al anarquismo y con el que mantenía una estrecha relación política y personal, quien le pidió que la cosiera dentro de los preparativos que, de haber salido adelante sus planes, debían haber finiquitado el reinado de Alfonso XIII a partir del 12 de diciembre de 1930.

La chapucera descoordinación del Comité Revolucionario estatal, con la guinda de Santiago Casares Quiroga, que sería presidente del Gobierno en 1936, yéndose a dormir tras llegar a Jaca horas antes de la asonada en lugar de alertar a los conjurados de que esta se aplazaba tres días, condenó al fracaso el pronunciamiento de los capitanes. Sin embargo, la brutal represión del levantamiento, aceleró, en lugar de posponerla, la caída del régimen: “La monarquía cometió el disparate de fusilar a Galán y García Hernández, disparate que influyó no poco en la caída del trono”, escribió Manuel Azaña.