Su oratoria era negra y cáustica, al parecer humorística para
los muchos iniciados, ya que una vez y otra, conseguía que la ciudad entera
riera con mimética risa boba y era también cruel en muchos momentos: de sus más
fieles, todos y cada uno, solía decir sin ningún reparo y sin sufrir más consecuencia
que otro incremento del gozo colectivo –“vuestra
vida vale menos que nada y sólo vuestro servicio incondicional a Dios, explica
que no seáis aniquilados ahora mismo”- En sus interminables alocuciones en el
templo, acostumbraba a no dejar títere con cabeza y desde su bien reconocida condición
de “Elegido”, señalaba incansable, con el dedo acusador, a los nuevos nombres y
apellidos del “Mal”que al poco era exterminado. Pero su punto fuerte, el
momento culmen de sus vibrantes arengas, coincidía con aquel en que exigía que
se viviera la “Palabra” sin detenerse a evaluar riesgos y de anunciar que, por “Mandato”, un día de aquellos
habrían de echarse inexcusablemente al monte. Eso sí, por si llegaba al punto
de tener que cumplir su promesa, fue sabido por los pocos que aun soportaron
saber la verdad, que hacía tiempo había
comprado en el extranjero impío “el carísimo derecho a llorar” Al fin y al
cabo, nadie podría decir que una sola vez en su vida hubiera puesto en duda que
“las lágrimas, cuando son sinceras, no fueran el pasaporte más legítimo a la bendita
tierra del asilo y del perdón”.

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sábado, 1 de octubre de 2011
jueves, 19 de mayo de 2011
Líder caído
Desde de que residía en prisión, vivía un sueño de orden que desbordaba su entendimiento. Nadie criticaba su conducta. Al contrario, entre los presos era considerado una persona ecuánime, de extraordinaria inteligencia y buen tino. Una autoridad libertaria, ideólogo último de cualquier movimiento gremial. El, que en el mundo de los justos nunca pasó de la más mediana mediocridad, en el de los injustos, se encontró consagrado como la persona más respetada, la máxima autoridad moral; líder incontestable. Y sin embargo se mortificaba a diario por no encontrar razón objetiva que justificara el cambio, el complemento que le distinguía del hombre libre. Apenas el detalle insignificante de haber dejado de moverse en base a alabanzas, reconocimientos y auto admiración.
martes, 2 de febrero de 2010
Corazones de piedra
"Llanto"
Zaipi (2006)
Óleo sobe lienzo
Rompió a llorar sin previo aviso y delante de todos; incluso de sus subalternos, de sus tres esposas y de su élite de incondicionales. Creímos que el amor humilde y desesperanzado de la Bestia por la Bella había roto, por fin, su mítico corazón de piedra. En ese instante la alegría y la esperanza se desbordaron incontenibles.
Más tarde, viéndole aun sollozar y mirarnos de reojo, se les ocurrió a los más críticos y desconfiados, que tal vez solo tratara de satisfacer con su gesto la demanda natural del público; de ese público que sólo aplaude sinceramente al amor, cuando el amor es sincero. Por eso, después de todo, quizá no quiso si no recuperar el aplauso perdido. Es posible, incluso, que todo fuera a seguir igual que siempre, pero que nadie salvo él lo supiera, para momentánea alegría de todos, menos suya.
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