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sábado, 1 de octubre de 2011

El Gran Pastor


Su oratoria era negra y cáustica, al parecer humorística para los muchos iniciados, ya que una vez y otra, conseguía que la ciudad entera riera con mimética risa boba y era también cruel en muchos momentos: de sus más fieles, todos y cada uno, solía decir sin ningún reparo y sin sufrir más consecuencia que otro incremento del  gozo colectivo –“vuestra vida vale menos que nada y sólo vuestro servicio incondicional a Dios, explica que no seáis aniquilados ahora mismo”- En sus interminables alocuciones en el templo, acostumbraba a no dejar títere con cabeza y desde su bien reconocida condición de “Elegido”, señalaba incansable, con el dedo acusador, a los nuevos nombres y apellidos del “Mal”que al poco era exterminado. Pero su punto fuerte, el momento culmen de sus vibrantes arengas, coincidía con aquel en que exigía que se viviera la “Palabra” sin detenerse a evaluar riesgos y  de anunciar que, por “Mandato”, un día de aquellos habrían de echarse inexcusablemente al monte. Eso sí, por si llegaba al punto de tener que cumplir su promesa, fue sabido por los pocos que aun soportaron saber la verdad,  que hacía tiempo había comprado en el extranjero impío “el carísimo derecho a llorar” Al fin y al cabo, nadie podría decir que una sola vez en su vida hubiera puesto en duda que “las lágrimas, cuando son sinceras, no fueran el pasaporte más legítimo a la bendita tierra del asilo y del perdón”. 

jueves, 19 de mayo de 2011

Líder caído

Desde de que residía en prisión, vivía un sueño de orden que desbordaba su entendimiento. Nadie criticaba su conducta. Al contrario, entre los presos era considerado una persona ecuánime, de extraordinaria inteligencia y buen tino. Una autoridad libertaria, ideólogo último de cualquier movimiento gremial. El, que en el mundo de los justos nunca pasó de la más mediana mediocridad, en el de los injustos, se encontró consagrado como la persona más respetada, la máxima autoridad moral; líder incontestable. Y sin embargo se mortificaba a diario por no encontrar razón objetiva que justificara el cambio, el complemento que le distinguía del hombre libre. Apenas el detalle insignificante de haber dejado de moverse en base a alabanzas, reconocimientos  y auto admiración.

martes, 2 de febrero de 2010

Corazones de piedra

"Llanto"
Zaipi (2006)
Óleo sobe lienzo









Rompió a llorar sin previo aviso y delante de todos; incluso de sus subalternos, de sus tres esposas y de su élite de incondicionales. Creímos que el amor humilde y desesperanzado de la Bestia por la Bella había roto, por fin, su mítico corazón de piedra. En ese instante la alegría y la esperanza se desbordaron incontenibles.
Más tarde, viéndole aun sollozar y mirarnos de reojo, se les ocurrió a los más críticos y desconfiados, que tal vez solo tratara de satisfacer con su gesto la demanda natural del público; de ese público que sólo aplaude  sinceramente al amor, cuando el amor es sincero. Por eso, después de todo, quizá no quiso si no recuperar el aplauso perdido. Es posible, incluso, que todo fuera a seguir igual que siempre,  pero que nadie salvo él lo supiera, para momentánea alegría de todos, menos suya.