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viernes, 7 de agosto de 2015

Ahora hace 70 años

Sumemos un poco, por macabro que sea. Sin hablar de los heridos y mutilados, éstos son los muertos por los bombardeos anglo-norteamericanos: Hiroshima y Nagasaki (250.000), Tokio (150.000), Hamburgo (50.000), Dresde (40.000), otras ciudades alemanas (Kassel, Darmstadt, Pforzheim, Swinemünde, etc.: 60.000). Total del holocausto: 600.000 muertos. El presente artículo sólo trata, sin embargo, de aquellos cuyo septuagésimo aniversario ahora conmemoramos.



CHRISTOPHE SERVAN

Hace setenta años Harry Truman daba la orden de bombardear Japón con el arma nuclear: probablemente la decisión de más duras consecuencias tomada por un solo hombre en toda la historia de la humanidad. En vísperas de este aniversario, el instituto de sondeos YouGov formuló a los norteamericanos la siguiente pregunta: “¿Tuvo razón Estados Unidos o se equivocó al lanzar dos bombas atómicas sobre Japón?”. Un 46% respondió sí tuvo razón, y un 29% no. En el mismo momento en que miles de sus compatriotas se conmueven por la muerte (vil) de un león en el fondo de las selvas de Zimbabue, el resultado de este sondeo parece incomprensible. La explicación hay que buscarla, sin duda, en la propaganda oficial lanzada por Washington desde el día siguiente de los bombardeos, a saber: un mal necesario para acortar la guerra y ahorrar un número aún mucho mayor de vidas. Lo chocante es que al cabo de tantos años el pueblo norteamericano aún pueda creerse semejante fábula. ¿Será tal vez que el crimen es demasiado horrible para ser mirado de frente?