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sábado, 14 de febrero de 2015

¿Verdad racial o más racismo?



P. UNAMUNO


Ya está en las librerías españolas el libro que ha desencadenado una de las más virulentas confrontaciones académicas de los últimos años. Una herencia incómoda (ed. Ariel), del biólogo y divulgador Nicholas Wade, antes editor científico en Science y The New York Times, trata de la raza, y ésta es siempre una cuestión controvertida desde el mismo momento en que buena parte de la comunidad científica comparte la opinión del antropólogo Ashley Montagu de que "la palabra misma 'raza' es en sí misma racista".

Wade, por el contrario, sostiene que los notables –aunque aún preliminares– avances en el conocimiento del genoma humano permiten afirmar que existen diferencias intrínsecas entre grandes grupos de población y que hablar de ello no abre la puerta al resurgimiento del racismo. "La ciencia trata de lo que es, no de lo que debería ser", sentencia el autor inglés residente en EE. UU.

La tesis principal de Una herencia incómoda es que, a la luz del estudio del genoma, la evolución humana debe considerarse "reciente, copiosa y regional". En otras palabras, que el hombre se halla en constante transformación genética, ha cambiado de manera considerable en la Historia reciente, como en cualquier otro periodo –lo que parece incontrovertible–, y lo ha hecho de forma diferente según el entorno geográfico donde se ha asentado, principalmente –según Wade– en función del continente que haya habitado.

Nada de esto parece especialmente escandaloso, pero la hipótesis de que los rasgos distintivos de las diversas razas trascienden evidencias físicas como el color de la piel y afectan también a su comportamiento social, así como a sus logros culturales o económicos, ha levantado en armas al mundo académico, al que Wade tacha de actuar por inercia, motivos políticos o miedo a las acusaciones de racismo.

viernes, 19 de octubre de 2012

Neuromarketing


Seguramente, a menos que seas muy joven, habrás oído hablar del “Desafio Pepsi”. Básicamente, se trataba de una campaña publicitaria creada por la empresa fabricante de bebidas gaseosas, en la que se invitaba a los consumidores participantes a probar dos productos que carecían de identificaciones visibles. Los voluntarios debían mencionar cuál de los dos preferían. El resultado final de la prueba mostraba que poco más de la mitad de los participantes elegía Pepsi (de haber sido otro el resultado, seguramente nunca hubiesen transmitido el aviso). Sin embargo, Pepsi estaba muy lejos de liderar el mercado y su porcentaje de aceptación en el público era mucho menor por aquel entonces. La pregunta inevitable es: ¿cómo es posible que, si la mayoría de la gente prefiere un producto, consuma masivamente el de la competencia?

Esta paradoja llamó la atención de Read Montague, un especialista en neurociencias, quien se propuso aplicar el método científico a la resolución del problema. El especialista sabía que necesitaba “ver” que pasaba en el cerebro de cada persona durante el proceso de selección, así que repitió la experiencia pero con 67 voluntarios “cómodamente instalados” en tomógrafos y máquinas de resonancia magnética nuclear. Estos aparatos le permitieron a Montague observar que, aunque ambas gaseosas “activaban” el sistema de recompensas del cerebro de la misma manera, cuando se le mencionaba a la persona cuál era la gaseosa que estaban tomando, se registraba además actividad en otras áreas.

miércoles, 6 de abril de 2011

Me declaro escéptico pero nunca dudo de la Ciencia y me quedo más ancho que dios

Los dueños de la ciencia
El premio Nobel de Medicina del año 2002 John Sulston alerta del peligro que supondría que el creador de la "célula artificial" pueda patentar su descubrimiento o sus métodos. Su aviso reaviva la polémica sobre las patentes.
 | Actualizado 28 Mayo 2010 - 03:12 h.
NUEVATRIBUNA.ES / ANTONIO SANTO 26.05.10


¿Quiénes son los dueños de la ciencia? ¿Los científicos, los gobiernos o multinacionales que financian los descubrimientos, la humanidad al completo? Lo cierto es que el dueño de un descubrimiento científico es, ni más ni menos, quien lo patenta. Las patentes se idearon, en principio, como forma de promover la invención, ya que se trataba de un reconocimiento de exclusividad de derechos sobre dicho invento durante 20 años, a cambio de hacerlo público. Es decir: el investigador podía explotar económicamente en monopolio su invento durante 20 años, pero no podía mantenerlo en secreto, de forma que sus ideas acabarían pasando al acervo común de la ciencia y servirían a toda la humanidad.




miércoles, 30 de marzo de 2011

Soy ateo, creo en la Ciencia y me quedo más ancho que dios

Ciencia subjetividad e intereses

Por Martha Meier M.Q.
Los descubrimientos científicos y el desarrollo tecnológico avanzan velozmente, para bien y para mal. Apasionados, los científicos investigan en sus laboratorios ajenos a los grandes intereses económicos. Pero la pasión, esa fuerza chúcara difícil de controlar, puede llevar a cualquier parte.
Anualmente, el mundo es testigo de los llamados Anti-Nobel que 'premian' los avances científicos más inútiles, estudios que obviamente no constituyen amenaza alguna para los diversos grupos económicos que acechan a la ciencia. El Anti-Nobel parece inofensivo, pero resulta una buena estrategia de distracción que irónicamente alcanza a veces mayor difusión que el Premio Nobel. Y, aunque parezca de Ripley, los trabajos presentados deben haber pasado el riguroso 'peer review', la revisión de pares, es decir, el examen de otros expertos que garanticen la rigurosidad de la investigación. El anuncio y la entrega ocurren, nada más y nada menos, que en la Universidad de Harvard.