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viernes, 2 de enero de 2015

Los vectores que rigen el Mundo



JOSÉ JAVIER ESPARZA


Desde hace años, todo lo que está ocurriendo en la escena internacional viene determinado por tres vectores de fuerza principales. Sin ellos, es imposible entender nada de cuanto sucede a nuestro alrededor.

Primer vector, que es el dominante: el proyecto norteamericano de construir un orden mundial regido por los principios que Washington determina. Normalmente se traduce, en la prensa occidental, en algo así como “democracia global”. Es una forma de verlo. Más apropiado sería concebirlo como un espacio único de libre comercio bajo una única regulación política, con las consiguientes implicaciones en el terreno social y cultural. Un solo mundo y un solo poder hegemónico. Esta idea del One World es un clásico del pensamiento norteamericano desde los tiempos fundacionales y está en la base de la propia naturaleza de los Estados Unidos como nación. Su traducción contemporánea es el proyecto mundialista que Washington abandera sin recato y que la Unión Europea –a veces a regañadientes- secunda. Kaplan lo llama “el orden liberal”. Esto ya no es la vieja “defensa de Occidente” que caracterizó a los años de la guerra fría. Estamos en un escenario nuevo donde la identidad propiamente occidental, en términos de cultura, ha quedado completamente al margen.

sábado, 1 de octubre de 2011

El Gran Pastor


Su oratoria era negra y cáustica, al parecer humorística para los muchos iniciados, ya que una vez y otra, conseguía que la ciudad entera riera con mimética risa boba y era también cruel en muchos momentos: de sus más fieles, todos y cada uno, solía decir sin ningún reparo y sin sufrir más consecuencia que otro incremento del  gozo colectivo –“vuestra vida vale menos que nada y sólo vuestro servicio incondicional a Dios, explica que no seáis aniquilados ahora mismo”- En sus interminables alocuciones en el templo, acostumbraba a no dejar títere con cabeza y desde su bien reconocida condición de “Elegido”, señalaba incansable, con el dedo acusador, a los nuevos nombres y apellidos del “Mal”que al poco era exterminado. Pero su punto fuerte, el momento culmen de sus vibrantes arengas, coincidía con aquel en que exigía que se viviera la “Palabra” sin detenerse a evaluar riesgos y  de anunciar que, por “Mandato”, un día de aquellos habrían de echarse inexcusablemente al monte. Eso sí, por si llegaba al punto de tener que cumplir su promesa, fue sabido por los pocos que aun soportaron saber la verdad,  que hacía tiempo había comprado en el extranjero impío “el carísimo derecho a llorar” Al fin y al cabo, nadie podría decir que una sola vez en su vida hubiera puesto en duda que “las lágrimas, cuando son sinceras, no fueran el pasaporte más legítimo a la bendita tierra del asilo y del perdón”.