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sábado, 27 de febrero de 2016

Paco Umbral



Los trenes entraban triunfalmente en las estaciones, enguirnaldados de retórica en su largos rótulos, que sonaban como los versos alejandrinos delos poetas modernistas del momento. Que bonito aquellos de "Caminos de Hierro del Norte de España" y aquello otro de "los Grandes Expresos Europeos". Cada locomotora entrando en agujas era como el héroe de la Marcha triunfal ruberiana. Hoy podemos hablar de aquello como de un verdadero romanticismo ferroviario. Un romanticismo con guardapolvo de viaje y ojeras de carbonilla.
Pero tu eres viajero de la linea recién electrificada y todo esto te suena a viejas historias, de esas que se cuentan para entretener el viaje. Buenas noches, viajero, buenas noches.

Paco Umbral

Acuarela, Damián

lunes, 15 de febrero de 2016

¡Cállate!



A menudo algún que otro indignado me llama por teléfono para insultarme y gritarme. No me daré por vencido.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Sombras de ángeles / Pecadores

Abro las ventanas con el deseo de que este lapsus de sol que nos regala el temporal purifique las estancias. Nada me resulta tan familiar como esperaba; mucho menos el olor a polvo y madera vieja que me embota la nariz. Tampoco recordaba la espiga del suelo, ni el cuadro de la entrada , ni el color de las paredes; apenas el piano y algunos muebles. El comedor es un solar, la cocina parece que fue abandonada con urgencia y el pasillo se me antoja demasiado largo, interminable cuando me pongo a recorrerlo. Dudo cual era mi cuarto ¿La tercera o la cuarta puerta? Opto por una y acierto. La cama está desmontada contra un rincón, el ropero vacío y abierto de par en par. No queda más rastro de mí que un desvencijado poster del Real Madrid y el escritorio contra la pared. Me acerco con cuidado, como si temiera del sonido de mis propios pasos y también abro esa ventana para ver los detalles. Nada que ver, salvo la lámpara que el tio Abelino me trajo de Francia y que mi madre colgó del techo, a pesar de encontrarla horrorosa, por que estaba convencida de que era carisma.
-¡Mama!- repito como la misma congoja de hace un rato y no se porqué me viene ahora a la cabeza en la otra casa, cuando aun vivíamos en la calle Joaquín Costa: Una tarde, al volver del colegio, la encontré llorando en la escalera, tan desconsolada que me hizo llorar también a mí aun antes de saber que ocurría. El camión del Butano acababa de aplastar a Martín; un hermoso animal blanco y negro que sólo se dejaba acariciar por nosotros dos y que dormía en mi cama desde cachorro. Sabio, silencioso e infatigable observador de ojos inmensos y enorme cabezón. Con algunos hosco pero que en buena relación superaba en bondad a cualquiera de la familia -Nunca más tuvimos gato-
Hago un esfuerzo para no dejar aflorar las lágrima