Soy un esperanzado a rabiar y un convencido de que después de la tormenta viene la calma; de que existe el mal para que refulja el bien; soy un apostador por la tierra que me vio nacer aunque yo no viviré tanto como para ver al lucero de la mañana y los arreboles que prenuncien la llegada de nuevos y mejores tiempos...

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jueves, 30 de junio de 2016
martes, 31 de mayo de 2016
Lógica recalentada
Tendidos
sobre las sábanas, miran absortos al blanco inmaculado del techo. La poca luz de una tarde que se muere, se
filtra por los visillos y baña sus cuerpos desnudos con un azul mortecino.
Silvia, se
diría que hablando para sí misma, susurra ciertos hechos ocurridos en el bar
Balaitus, cuando el cocinero quiso apuñalar a su ayudante a la vista de todo el
mundo. Beti y Macu, las dos chicas que atienden el mostrador, se refugiaron
aterrorizadas en el rincón de la cafetera tan pronto como la trifulca salió de
la cocina. Los clientes, que gracias a Dios eran pocos en aquel momento, y ella
misma, no acertaron más que observar atónitos la escena. Menos mal, que la
señora Clara, una sesentona que echa una mano hasta que le llegue la hora de la
jubilación, tuvo más valor y más serenidad que nadie y a golpe de empujones y
de levantar la voz por encima de los contrincantes, puso fin a la refriega.
David, dueño del bar y novio de Silvia, aseguró nada más enterarse que tomaría
medidas y que aquello no volvería a repetirse, pero al final no despidió al
cocinero, por considerarlo la verdadera alma del negocio, y tampoco a su rival
porque este fue más rápido asegurando que se iba para poner denuncias contra el
cocinero y contra el local.
Silvia hace
un receso para maniobrar y recoger sin dejar caer chispas, el porro que le pasa
Jeremías. Una densa voluta de humo se ha estacionado sobre sus cabezas y gira
mansa en dirección a la ventana. Desde la calle llega el murmullo sordo y
racheado del tráfico y un estrépito de voces de niños que se clavan como agujas
en los tímpanos.
martes, 19 de abril de 2016
Calle Mayor
Una pandilla de talluditos pequeñoburgueses de provincias se ingenian chanzas de dudoso gusto con objeto de romper el rutinario círculo de actividades lúdicas que amenizan sus tristes espíritus. El paseíllo por la calle mayor, la partidita de billar, las copichuelas en el bar y la visita al burdel municipal no colman la totalidad de las apetencias tabernarias de estas aves rapaces, con lo que el escarnio y la chirigota resultan indispensables para culminar sus elevadas aspiraciones y poder echarse unas sonoras risotadas a costa del prójimo.
domingo, 3 de abril de 2016
Hombres Nuevos
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Una Revolución sólo es auténtica cuando es capaz de crear un "Hombre Nuevo" y este, para Guevara vendrá a ser el hombre en el siglo XXI, un completo revolucionario que debe trabajar todas las horas de su vida; debe sentir la revolución por la cual esas horas de trabajo no serán ningún sacrificio, ya que está implementando todo su tiempo en una lucha por el bienestar social; si esta actividad es lo que verdaderamente complace al individuo, entonces, inmediatamente deja de tener el calificativo de "sacrificio". Esto debe ser una cualidad fundamental en el Revolucionario, sentir la misma –revolución- como tal, para trabajar con esmero. Pero no todo es tan simple, como en todo existe también su lado oscuro, la parte más dura de ser un revolucionario es que se deben definir de manera precisa los sentimientos, ya que todo revolucionario debe estar impulsado por grandes cantidades de amor aunado a un gran espíritu apasionado; para así realizar un caudal de acciones y hechos concretos orientados hacia un solo objetivo, lograr mejoras en el ambiente social. Estas dos condiciones o cualidades para ser revolucionario deben estar respaldadas por un factor fundamental que tiene que estar presente en la actitud de dicho individuo, y viene siendo la vigencia de una mente fría y calculadora que ayudará, sin duda alguna, a tomar decisiones dolorosas que no permitan ni siquiera la contracción de un músculo.
Leer más: http://www.monografias.com/trabajos/hombrenuevo/hombrenuevo.shtml#ixzz44l5dbNxU
sábado, 27 de febrero de 2016
Paco Umbral
Los trenes entraban triunfalmente en las estaciones, enguirnaldados de retórica en su largos rótulos, que sonaban como los versos alejandrinos delos poetas modernistas del momento. Que bonito aquellos de "Caminos de Hierro del Norte de España" y aquello otro de "los Grandes Expresos Europeos". Cada locomotora entrando en agujas era como el héroe de la Marcha triunfal ruberiana. Hoy podemos hablar de aquello como de un verdadero romanticismo ferroviario. Un romanticismo con guardapolvo de viaje y ojeras de carbonilla.
Pero tu eres viajero de la linea recién electrificada y todo esto te suena a viejas historias, de esas que se cuentan para entretener el viaje. Buenas noches, viajero, buenas noches.
Paco Umbral
Acuarela, Damián
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