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domingo, 5 de abril de 2009

Mujeres y sus célibes fiscales


Separar el placer sexual del embarazo es, sin duda, una obsesión que ha acompañado a la humanidad a lo largo de la historia. Hoy, que la superación de muchos de tabúes, la educación generalizada, o casi, al menos en Europa, y los sistemas sanitarios ya permiten que las mujeres planifiquemos en libertad nuestra vida sexual y en definitiva nuestro futuro profesional y material a corto y medio plazo, podría decirse que se ha alcanzado una vieja y legítima aspiración. Sin embargo, ahora que, por primera vez, la sociedad civil nos reconoce nuestro derecho a decidir, y hablamos con esto de un logro tal vez mayor, surgen, como por encanto, los reparos de algunas conciencias hasta ahora adormecidas, y aun hoy insensibles antes otros dramas. El desencadenante no ha sido el aborto en sí, y no hablaré de cifras ni de situaciones concretas, si no el reconocimiento de la libertad femenina. Ante tal situación, se levantaron los que siempre se proclamaron indispuestos contra la vagina y vociferaron tratando de imponer su autoridad moral, no reconocida de facto. Esgrimiendo, desde su masculinidad, su soltería y su anormal condición de célibes; inconsistentes tesis en defensa del no-nato y negando, de eso se trató siempre, derechos y libertades.

sábado, 4 de abril de 2009

Y ahora que el muro se cae; ya no estamos tan cerca


Me tumbé en la arena con lágrimas en los ojos. Estaba borracho, pero, pese a todo, recordé haber jurado que no pensaba regresar solo. Encendí otro cigarrillo bajo las estrellas. No había luna y la brisa olía a orina, a desagüe y también a mar. Dejé rodar la cabeza hacia un lado y vi el mostrador. El barman conversaba tranquilamente con un par de ancianos, quizá pescadores, que me observaban sin disimulo. Hice un esfuerzo por apurar el contenido del vaso y, a duras penas, me puse en pie.

-Adiós –dije antes de alejarme, pero no obtuve respuesta.

Primero caminé hacia el mar, luego hacia unas voces que jaleaban. Cruce bajo un arco de piedra. El suelo estaba ahora adoquinado y no había luz. Entonces reconocí su risa y el corazón me dio un vuelco. Corrí hacia ella; sólo, quería abrazarla, besarla y rogarle que volviera, pero tropecé y caí al suelo. Me herí la barbilla y las manos; sangraba. Avance de rodillas, vi un resplandor y seguí avanzando. Allí la encontré; junto al viejo muro en ruinas, en pie, desnuda y apenas iluminada por la luz de un fuego casi extinguido. Parecía en trance; se reía y danzaba, y giraba lenta sobre si misma mientras hacia molinos con los brazos. A su alrededor, sentados en el suelo, cuatro hombres, casi muchachos, aplaudían y coreaban muy excitados. Palmeaban sus nalgas, magreaban su sexo y sus senos; a veces con tanto ímpetu que a punto estaban de derribarla y entonces todavía se excitaban más y aun crecían la ovación y las palmas. Pero ella, parecía ajena a este mundo. Solo se reía y giraba y giraba dentro del círculo, mientras una fina banda de color azul se abría paso en el horizonte.


Imagen: Ramón Ventura Non (Amón Non) 2004

jueves, 19 de marzo de 2009

Solo se escucha tic tac, tic tac, tic tac

En la soledad de casa solo se escucha tic tac, tic tac. Con el bullicio del pequeño ni siquiera me oyen.

Tengo miedo, hace días que no veo a mi hermana o por lo menos no viene a mi lado.

Mi madre calla, se escucha su respiración mezclada con mi tic tac: me mira y corre a la habitación con un vaso de agua. Un frasco de pastillas, una cucharada, un médico, otro médico, la enfermera.

Otra vez se juntan las manecillas: es media noche. Mamá clava sus ojos en mí. Papá acaba de morir.

Ahora descansaré, ya no se ocupará de mí. Mamá clava sus ojos en mí como si…

En la soledad de casa solo se escucha tic tac, tic tac, tic tac


Imagen: Damián 1999

sábado, 7 de marzo de 2009

El joven pensador

Hoy te parece equivocado lo que ayer aceptabas como cierto. Intentas apartarlo y, con ello, sentir que triunfó la razón. Sin embargo, antes eras otro, como todos. Y, tal vez, necesitarás ese error tanto como hoy necesitas tus verdades. Era como una piel que escondía lo que no tenías permitido ver.

Friedrich Nietzsche

Imagen: Carlos