Franco nunca tuvo oposición democrática, sólo de
totalitarios y terroristas, PCE y ETA. El PSOE y UGT estuvieron 35 años
de vacaciones y UCD era una amalgama de franquistas y oportunistas. Lo
primero que hicieron CCOO y la resucitada UGT fue asegurarse subvenciones de
lujo, exenciones de impuestos y todo tipo de chollos para vivir como
rajás -desde políticas de empleo de miles de millones a comisiones del 8% en
cientos de miles de ERE a costa del trabajador- con coches oficiales, viajes en
primera clase, VISA oro, mariscadas… algo casi inimaginable.
En plena crisis del petróleo, estos irresponsables empezaron
a promover huelgas para conseguir unas mejoras salariales imposibles -IPC+3
puntos-, un incremento de costes que arruinaría la productividad y
nos llevaría a una situación crítica, utilizando además todas las ventajas
laborales del sindicalismo de Franco, donde los trabajadores no podían ir a la
huelga pero tampoco podían ser despedidos.
Esto llevó a España al borde del colapso, lo que
hizo inevitable un Pacto de Estado. Se lo encargaron al mejor: Fuentes
Quintana. El 25 de octubre de 1977, después de meses de preparación,
presentó un paquete de medidas conocido como los Pactos de la Moncloa,
que tuvo un éxito notable. Sin embargo, las reformas estructurales, esenciales
para el crecimiento, chocaban con los intereses deshonestos de las oligarquías
financieras y monopolistas y fueron rechazadas. Fuentes dimitió por ello.

