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viernes, 13 de diciembre de 2013

Lo que pudo ser y la traición impidió /2

Franco nunca tuvo oposición democrática, sólo de totalitarios y terroristas, PCE y ETA. El PSOE y UGT estuvieron 35 años de vacaciones y UCD era una amalgama de franquistas y oportunistas. Lo primero que hicieron CCOO y la resucitada UGT fue asegurarse subvenciones de lujo, exenciones de impuestos y todo tipo de chollos para vivir como rajás -desde políticas de empleo de miles de millones a comisiones del 8% en cientos de miles de ERE a costa del trabajador- con coches oficiales, viajes en primera clase, VISA oro, mariscadas… algo casi inimaginable.
En plena crisis del petróleo, estos irresponsables empezaron a promover huelgas para conseguir unas mejoras salariales imposibles -IPC+3 puntos-, un incremento de costes que arruinaría la productividad y nos llevaría a una situación crítica, utilizando además todas las ventajas laborales del sindicalismo de Franco, donde los trabajadores no podían ir a la huelga pero tampoco podían ser despedidos.
Esto llevó a España al borde del colapso, lo que hizo inevitable un Pacto de Estado. Se lo encargaron al mejor: Fuentes Quintana. El 25 de octubre de 1977, después de meses de preparación, presentó un paquete de medidas conocido como los Pactos de la Moncloa, que tuvo un éxito notable. Sin embargo, las reformas estructurales, esenciales para el crecimiento, chocaban con los intereses deshonestos de las oligarquías financieras y monopolistas y fueron rechazadas. Fuentes dimitió por ello.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Lo que pudo ser y la traición impidió



Nunca en la historia de Europa un grupo tan reducido de hombres pequeños, de mente pequeña y de ambición personal infinita, sin moral, sin ideales y sin patriotismo y gracias, exclusivamente, al sistema electoral proporcional han hecho tanto daño permanente a una nación como los llamados "padres de Transición".


En 1975, la renta per cápita española, después de una carrera de crecimiento económico sin paralelo en el mundo occidental, equivalía, según Funcas, al 81,3% de la media de los nueve países europeos miembros de la entonces CEE. En 1959 era tan sólo el 55%, una cifra propia de un país subdesarrollado. Esta renta relativa a los países centrales de Europa sería la primera víctima del desastre político—económico de la Transición, que hundiría nuestro proceso de convergencia con la CEE hasta el 70,8% en 1985. Y en los 37 años transcurridos este nivel no se recuperaría jamás, ni siquiera con las cifras oficiales del PIB, que desde 2008 sobrevaloran la realidad en un 30% y en 2012 situaron el nivel en el 73,3 %.
Pero no se trata sólo de la convergencia con los países centrales. El resto de indicadores también fallaban. La industria, que representaba el 36% del PIB en 1975, fue desmantelada y hoy representa un 14%. Las rentas salariales, que suponían en aquel año un 62,8% del índice (de acuerdo con los datos de BBVA), se han desplomado al 44,2% —a finales de 2012—, la cifra más baja de toda Europa. El 10% más rico de la población, que poseía un 26% de la riqueza en 1975, posee hoy el 48% y, además, el 70% de la riqueza financiera. El paro era entonces del 2% —o del 6% si consideramos a los emigrantes como desempleados— y ahora se sitúa en el 27%. El hundimiento económico fue tal que, de un crecimiento real del 7,5% anual en el periodo 1959—1975, se pasó al 0,8% en el periodo 1976—1985. Y la inflación se disparó desde el 7 al 44% a mediados de 1977, mientras que la deuda externa se multiplicó por cuatro. En sólo dos años los traidores de la Transición colocarían a España al borde del colapso, primero, y en un nivel de crecimiento inferior a su potencial, después.