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sábado, 20 de mayo de 2017

De cuando a la Iglesia el aborto no le parecia tan mal

Iñaki Berazaluce

homunculus

Homúnculo, algo menos que un hombre.


La doctrina de la Iglesia católica hacia el aborto no ha sido siempre la actual, que considera a cualquier embrión como un “ser humano en potencia”. No fue hasta Pío IX (1869) cuando Roma dejó de distinguir entre faetus animatus e inanimatus, la cesura que dividía lo moral de lo inmoral y, siendo la Ley Divina la ley de los hombres, lo legal de lo ilegal.

lunes, 6 de agosto de 2012

Católicas, aborto e Iglesia

Las personas católicas progresistas están de fiesta: la organización Católicas por el Derecho a Decidir, A.C. festeja su décimo aniversario. Con oficinas en seis países de América Latina (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia y México), en dos de Europa (España y Francia), en Canadá y en Estados Unidos, esta organización internacional manda un mensaje claro: hay personas católicas que no están de acuerdo con los planteamientos de El Vaticano relativos al lugar de las mujeres en la Iglesia y a las prohibiciones en materia de sexualidad, reproducción y aborto.

Desde que las leyes relativas al aborto se liberalizaron en los países occidentales, la jerarquía de la Iglesia católica empezó a impulsar los llamados comités "pro-vida", en un intento de frenar la tendencia a la legalización de esa práctica. La oposición de la Iglesia católica a todo aquello que suponga una intervención en los procesos de la vida nace del dogma religioso de que la mujer y el hombre no dan la vida, sino que son depositarios de la voluntad divina. De ahí que la religión católica considere que desde el momento de la fecundación, el ser humano en formación tiene plena autonomía de la mujer, cuyo cuerpo es un "mero instrumento divino"; y por eso cree también que, desde ese mismo momento, el producto en formación es alguien absolutamente equiparable al ser humano nacido, pues desde el primer instante tiene "alma". Convencido de que hay que prohibir los abortos, El Vaticano ha emprendido una especie de "cruzada" para "salvar" a "almas inocentes" (aunque después se desentienda del sostenimiento material y emocional de esas vidas). Esta "guerra santa" ha derivado en acciones terroristas (como matar a médicos y bombardear clínicas que practican abortos legales) y ante tal horror un número creciente de católicos practicantes, inclusive monjas, teólogos y sacerdotes, está manifestando públicamente su discrepancia con la jerarquía católica.

sábado, 31 de julio de 2010

La decisión siempre será de la mujer

Glenys Álvarez



Se estima que más de 40 millones de abortos, legales e ilegales, ocurren en el mundo cada año; aproximadamente, nos dice la Organización Mundial de la Salud, uno de cada cinco embarazos termina en aborto. Esta cifra, por supuesto, varía enormemente debido a la polémica alrededor del tema pues, aunque el 61% de la población en 54 países puede hacerse un aborto de forma legal, los demás países tienen leyes que penalizan a la mujer por ello, lo que lleva a la ilegalidad de la cirugía que a su vez la capitaliza, convirtiéndola en un riesgo innecesario para las mujeres de bajos recursos, una deuda para la clase media y un procedimiento sin inconveniencias para las que tienen dinero.

Ahora bien, teniendo en cuenta la evolución de la hembra primate y la energía que ésta invierte en el proceso reproductivo, es indudable que la decisión sobre su embarazo debe caer completamente sobre ella. El hombre, que puede o no haber ofrecido su compromiso con la cría y la relación, debe contentarse con el papel que la mujer le otorgue en el asunto ya que, por más que lo desee, su inversión no igualará a la de la mujer, por lo menos, no en los primeros años; ni su vida estará nunca en peligro por traer a nuestro mundo bípedo, un cabezón prematuro a través de un canal de parto estrecho; son las anomalías inherentes de evolucionar en vez de haber sido diseñados.
Estas inconveniencias, sin contar con todo el embrollo reproductivo que nos ata durante la mayor parte de nuestras vidas a irregulares ciclos hormonales que cambian nuestro humor con la frecuencia que llegan las cuentas por pagar, son parte del mundo femenino, y si no hubiésemos sido avasalladas durante tanto tiempo nunca nos hubieran arrebatado nuestros derechos de esa forma. Las mujeres hemos peleado, pataleado y protestado; poco a poco ganamos pequeñas batallas aquí y allá, pero la guerra final está muy lejos de ser conquistada. No mientras aún se nos nieguen las potestades más básicas, como el poder de decidir sobre nuestros propios cuerpos.

El papel de la religión en la esclavitud femenina es relevante y ya hemos escrito de ello profusamente aquí. La ilegalidad del aborto pertenece a los residuos de esa esclavitud. Es el cinturón de castidad de antaño, ese deseo de gobernarnos y de negarnos el derecho a resolver nuestras vidas como si fuéramos niñas incapaces de tomar una decisión madura e informada sobre nosotras mismas. Hillary Clinton dijo una vez que en todos sus viajes por el mundo, jamás conoció unamujer que fuera pro aborto. Todas las que desean su legalización lo único que ansían es el poder de tomar una decisión. La idea no es obligar a abortar, no somos fanáticos dementes como tantos creyentes. Si usted desea tener once hijitos, pues está en todo su derecho si puede usted sostenerlos, si no es el caso, entonces es una muy cruel e ignorante libertad, la misma que tiene para usar un sin número de tratamientos anticonceptivos, incluyendo el aborto, para cuando todo lo demás falla; si es que desea sacar la cabeza de la arena religiosa y usar la razón.
Por ello insto a leer de nuevo la faena de la hembra primate Homo Sapiens. Considere bien toda la energía, las limitaciones y el riesgo de su propia vida que ella invierte en una cría, las transformaciones a las que la selección natural la ha sometido y las muchas formas en que puede quedarse sola criando a sus hijos. Si ha entendido bien la magnitud de la labor de estas primates femeninas, entonces le dará usted el derecho a elegir sobre su cuerpo. Eso es, en mi opinión, ser una persona racional y darle uso a ese enorme cerebro que hemos desarrollado y que tanto le ha costado a mamá traer al mundo y cuidar, desde que se enderezó e, irreversiblemente, se apeó de las ramas.

domingo, 5 de abril de 2009

Mujeres y sus célibes fiscales


Separar el placer sexual del embarazo es, sin duda, una obsesión que ha acompañado a la humanidad a lo largo de la historia. Hoy, que la superación de muchos de tabúes, la educación generalizada, o casi, al menos en Europa, y los sistemas sanitarios ya permiten que las mujeres planifiquemos en libertad nuestra vida sexual y en definitiva nuestro futuro profesional y material a corto y medio plazo, podría decirse que se ha alcanzado una vieja y legítima aspiración. Sin embargo, ahora que, por primera vez, la sociedad civil nos reconoce nuestro derecho a decidir, y hablamos con esto de un logro tal vez mayor, surgen, como por encanto, los reparos de algunas conciencias hasta ahora adormecidas, y aun hoy insensibles antes otros dramas. El desencadenante no ha sido el aborto en sí, y no hablaré de cifras ni de situaciones concretas, si no el reconocimiento de la libertad femenina. Ante tal situación, se levantaron los que siempre se proclamaron indispuestos contra la vagina y vociferaron tratando de imponer su autoridad moral, no reconocida de facto. Esgrimiendo, desde su masculinidad, su soltería y su anormal condición de célibes; inconsistentes tesis en defensa del no-nato y negando, de eso se trató siempre, derechos y libertades.