De Santa Orosia diremos que su fiesta el
25 de Junio es una traslación y cambio de las "Attideia" frigias que
se celebraban al final de año, entre el 15 y 27 de marzo en honor a Cibeles
(magna mater) y su hijo-consorte Attis que empezaron a cristianizarse a partir
del siglo V d.C., después de un largo período de decadencia en el siglo
anterior. Como otras fechas del santoral cristiano que tambien fueron
trasladadas para alejarlas de la memoria del paganismo. Fué una labor que se
empezó a gestar en época de la España visigoda, concilio tras concilio, con un
férreo sentimiento religioso propio de conversos arrianos, en un tiempo de
fuerte crisis espiritual, material y económica, carente de medios desde la
caída del imperio romano. Hasta que en el concilio XVII de Toledo del año 694,
convocado por el rey visigodo Égica y presidido por el obispo Sisberto, se
prohibió el culto a Mitra y Cibeles. El bautismo cibelino y mitráico entraban
en conflicto con el cristiano.
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viernes, 11 de mayo de 2012
sábado, 28 de abril de 2012
Orosia
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| Orosia Sarasa Acuarela sobre papel |
La versión más tradicional y extendida de la leyenda de Orosia, nos cuenta que nació en la Bohemia de Laspicio en el año 855. Sus padres fueron los duques de Boriborio y Ludmila. A los quince años de edad fue casada mediante poderes con el místico rey aragonés Fortún Garcés. Cuando la joven Orosia fue enviada a Aragón le acompañaron su tío Acisclo, obispo de Lusacia, y su hermano el príncipe Cornelio. Al cruzar la cordillera pirenaica, los árabes avisaron a Aben Lupo de Tena, lugarteniente de Muza Abensazín, el cual organizó una partida para capturar la comitiva.
viernes, 26 de agosto de 2011
La bandera de la plaza y una maldición pendiente
Cuentan que hace muchos años llegó al pueblo un caminante en mitad de una terrible tempestad. Era un hombre solo, alto, torvo, penosamente apoyado en una larga vara rematada en imágenes, dicen que paganas, y embozado bajo un sombrero de ala ancha, que con voz honda y marcado acento extranjero, pidió asilo para pasar la noche. Tantos como lo encontraron, dieron al instante media vuelta y huyeron de él como del maligno. Tal vez le tomaron por un infiel, tal vez por uno de esos malvados espíritus que como es bien sabido moran los ibones de puerto y se llevan a los hombres, o tal vez sólo temieron que se tratara de un peligroso hechicero. El caso es que olvidando la tradición de dar cobijo al peregrino, le cerraron tantas puertas como tentó, y cayendo ya la noche, se vio forzado a dejar el poblado alejándose hacia el sur por el curso del rio. Se marchó, quizá con la esperanza de encontrar alguna caridad más adelante, quizá con la leve esperanza de hallar algo de albergue en lo más profundo del bosque, y al cruzar sobre el puente de Los Peregrinos se detuvo en lo más alto y miró sobre sus pasos. Desde allí aun podía ver la aldea que dejaba atrás envuelta en la ventisca y desde allí lanzó una maldición contra sus moradores y sus hijos: arderéis dos veces, gritó, y al fin desapareceréis para siempre bajo las aguas de este riachuelo.
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