En la mañana del 14 de octubre de 1963, decenas de miles de admiradores rindieron homenaje a través de las calles de París al coche fúnebre que transportaba hasta el cementerio de Père Lachaise los restos de Edith Piaf. Aunque el arzobispo de París se negó a concederle un funeral religioso por su vida amoral y llena de excesos, el abate Leclerc, capellán de la gente del espectáculo, le otorgó su bendición final en el momento en que el ataúd descendió a la tumba. Entre los miles de seguidores que pisoteaban sepulcros y flores, estaban su amiga Marlene Dietrich, Tino Rossi, Paul Merisse, Charles Aznavour o Gilbert Bécaud.
