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viernes, 28 de agosto de 2015

El puritanismo y la perversión en la España del PP



Este es uno de los muchos textos que envío a dormir el sueño de los justos una vez concluidos. Y he pensado recuperarlo porque compruebo, como una recurrente causalidad, que no somos pocos los juntaletras que coincidimos en la exposición del mismo interés temático. Y es que eso de las sincronicidades no es nada metafísico, sino una consecuencia, por poco común que parezca el objeto del debate.

Paco Bello 



Conozco, leyendo un artículo en esta misma página, que el pasado 22 de abril el Tribunal Supremo dictaminó que ir como nuestra madre nos trajo al mundo no es un derecho, ni siquiera en una playa. Supongo (puestos a suponer), en vista de que a los bebés no los sancionan al nacer de esa forma tan poco decorosa que, en los hospitales, al menos mientras salen de salva sea la parte (no se me vaya a ofender tan digno tribunal si me refiero a la vagina o al coño), sí pueden mostrarse sin aderezos que cubran sus partes pudendas. Y supongo también que, en casa (el que tenga), semejante desvergüenza no debe estar prohibida tampoco en los adultos, aunque quizá nos libramos porque nadie ajeno a la familia (e incluso dentro de ella) nos ve en cueros. 

Más allá de tomárselo con ironía esto me parece de la máxima relevancia. Vamos para atrás como los cangrejos. Del amor libre de los sesenta (en el ‘mundo libre’) a las sanciones por resultar indecoroso mostrarnos al natural han pasado cincuenta y cinco años hacia delante, y en reversa. 

domingo, 17 de junio de 2012

Que huevos tienes, Mariano

'Pido a los españoles que entiendan que las cosas no son fáciles'.
Lo ha dicho Rajoy, Mariano para los más íntimos, y lo ha dicho convencido de que ese es justo el mensaje que los españoles esperamos oír. O sea, un mensaje que nos aporte esperanza, confianza, fe, y alguna virtud más de esas que predican los obispos.

Lo que pasa es que eso de que 'las cosas no son fáciles' tiene múltiples matices e interpretaciones, según del color del cristal con que se mire, que decía Campoamor. 

Evidentemente no son fáciles para las clases medias y bajas que basan su inestable existencia en algo tan "vulgar" como un trabajo fijo con su correspondiente y decente sueldo. Sin embargo, sí son fáciles para la élite política, que no ve peligrar su sueldo, ni su pensión, ni su futuro, a menos que una revolución social los manda a todos definitivamente al limbo, que por cierto ya es su residencia habitual.