Translate this site

Mostrando entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de septiembre de 2015

Alemania debe perecer (2)



Nota para el lector

Alemania Debe Perecer presenta un plan para la estructuración de una paz permanente y duradera entre las naciones civilizadas. Basa su tesis en la eventualidad de la derrota de Alemania por el Imperio Británico y sus aliados, sin la ayuda de los Estados Unidos.

Sin embargo, si las circunstancias decretasen que el pueblo americano se decidiese a favor de la guerra, como medida de autodefensa (con la ferviente plegaria del autor para que esto no ocurra nunca), sería lo más perentorio que las vidas de nuestros hijos no sean sacrificadas en vano como lo fueron la de sus padres en la generación precedente.

Si nuestros soldados deben ir adelante para matar o morir en combate, al menos, dejémosles no sólo un Eslogan sino un Propósito Solemne y una Sagrada Promesa ¡Qué este Propósito sea el de una Paz Duradera!

Y, esta vez, ¡esa promesa debe ser conservada!

Prefacio del Editor Americano.
Por el Dr. E. R. Fields.

ALEMANIA DEBE PERECER fue publicada en julio de 1.941, cinco meses antes que los Estados Unidos entrasen en la Segunda Guerra Mundial. Theodore N. Kaufman hace una proclama para la total exterminación del pueblo alemán a través de una compulsiva esterilización de 48 millones de alemanes. Tomad en cuenta la contraportada de este libro donde se indica que cuatro de los más grandes publicaciones acogieron entusiastamente este plan de genocidio masivo. Entre los cuales se incluyen periódicos de propiedad judía como el Washington Post y el New York Times.

jueves, 13 de agosto de 2015

Alemania debe perecer (1)



Nota del traductor-editor.

Lo primero que destaca en este libro, escrito en 1941, es el empeño de demonizar a Alemania, de representarla como el país belicista por antonomasia, el gran perturbador de la paz mundial, el agresor de naciones pacíficas, “democráticas” y prósperas y de ponerle unos rasgos de crueldad y maldad atávicos. Cuando el autor cree que lo ha conseguido pasa a aplicarle la SOLUCIÓN FINAL, el exterminio de todo el pueblo Alemán.

¿Es Alemania tan belicista y despiadada como la representa este autor judío? En modo alguno, el capitán Russell Grenfell al servicio de la marina inglesa durante más de treinta años y autor de libros de estrategia como: Sea Power (1941), o The Main fleet to Singapore (1951), nos indica en su libro “Odio Incondicional” página 64, que desde 1815 a 1907 Inglaterra había participado en 10 guerras, Rusia en 7, Francia en 5, Austria en 3 y Alemania en otras 3.

Otro autor, Ralph Franklin Keeling, en su obra Gruesome Harvest, página132, nos remite al escritor Pitirim Sorokin quién en su volumen III parte II página 352 señala que el porcentaje de años en guerra desde el siglo XII hasta 1925 de los principales países europeos fueron los siguientes:


País % de años en guerra.

España 67
Polonia 58
Inglaterra 56
Francia 50
Rusia 46
Holanda 44
Italia 36
Alemania 28

Creo que esto es lo suficientemente elocuente como para resaltar la tendenciosidad y mala voluntad de Theodore N. Kaufman.


sábado, 14 de febrero de 2015

¿Verdad racial o más racismo?



P. UNAMUNO


Ya está en las librerías españolas el libro que ha desencadenado una de las más virulentas confrontaciones académicas de los últimos años. Una herencia incómoda (ed. Ariel), del biólogo y divulgador Nicholas Wade, antes editor científico en Science y The New York Times, trata de la raza, y ésta es siempre una cuestión controvertida desde el mismo momento en que buena parte de la comunidad científica comparte la opinión del antropólogo Ashley Montagu de que "la palabra misma 'raza' es en sí misma racista".

Wade, por el contrario, sostiene que los notables –aunque aún preliminares– avances en el conocimiento del genoma humano permiten afirmar que existen diferencias intrínsecas entre grandes grupos de población y que hablar de ello no abre la puerta al resurgimiento del racismo. "La ciencia trata de lo que es, no de lo que debería ser", sentencia el autor inglés residente en EE. UU.

La tesis principal de Una herencia incómoda es que, a la luz del estudio del genoma, la evolución humana debe considerarse "reciente, copiosa y regional". En otras palabras, que el hombre se halla en constante transformación genética, ha cambiado de manera considerable en la Historia reciente, como en cualquier otro periodo –lo que parece incontrovertible–, y lo ha hecho de forma diferente según el entorno geográfico donde se ha asentado, principalmente –según Wade– en función del continente que haya habitado.

Nada de esto parece especialmente escandaloso, pero la hipótesis de que los rasgos distintivos de las diversas razas trascienden evidencias físicas como el color de la piel y afectan también a su comportamiento social, así como a sus logros culturales o económicos, ha levantado en armas al mundo académico, al que Wade tacha de actuar por inercia, motivos políticos o miedo a las acusaciones de racismo.

jueves, 17 de julio de 2014

Comisario Maigret



Maigret tiene entre 45 y 50 años. Nació en un castillo, en el centro de Francia, en el que su padre ocupaba el cargo de administrador. Es, pues, de origen campesino, robusto y fornido, pero posee cierta educación; en Francia, algo así como a medio camino hacia la burguesía. Fue monaguillo en la parroquia de su pueblo. De joven quiso ser médico. No por amor a la medicina, sino porque soñaba, sin decírselo a nadie, con una especie de profesión inexistente: la de «remendador de destinos». Le parecía que muchos individuos no llegaban hasta el final de su verdadero destino por no comprenderse a sí mismos. Le habría gustado comprender a todos los hombres y ayudarles a hacerse a sí mismos. En su adolescencia, le parecía que la medicina era la profesión que más se acercaba a este sueño. La muerte de su padre le impidió continuar sus estudios. Descubrió entonces que la policía criminal permite ocuparse de los hombres de una manera bastante afín a sus deseos juveniles. Entró, pues, como secretario en una comisaría de París. Recorrió todos los servicios policiales (como se hacía entonces, cuando las oposiciones tenían menos importancia que la práctica): la brigada de calles, la de estaciones de ferrocarril, grandes almacenes, narcóticos, etcétera.