Cada vez que una letra antigua es causa de polémica, me preocupo. Cualquier día de estos la policía ideológica nos prohibirá el tango por su efecto nocivo sobre las conciencias. Pocas letras son tan políticamente incorrectas como las del chulo tanguero que desprecia a la mujer pelandruna abacanada, nacida en la miseria de un convento de arrabal
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domingo, 20 de octubre de 2019
miércoles, 15 de julio de 2015
Provocador
Un mundo sin revistas satíricas, sin libros excesivos y radicales, sin arte provocador; un mundo sin transgresiones que no respete las fronteras del sexo, de las razas, las religiones o las culturas; un mundo obligado a ser políticamente correcto... es un mundo responsable, que no será libre. Siempre existirán cretinos sectarios que usen esa libertad de forma inadecuada. Pero nadie ha prohibido la minería del hierro a pesar de que con el se fabriquen armas que matan a millones de seres. Un chiste de mal gusto es solamente eso. Históricamente, los que censuran siempre creen que tienen la razón y actúan desde una gratuita superioridad moral. Pero no existe bien superior a la libertad.
Imagen: "No fumes niña", Damián
miércoles, 27 de octubre de 2010
Correcto
Lo peor de ser un varón blanco heterosexual de metro ochenta con las facultades mentales dentro de la media es que no puedes decir absolutamente nada gracioso sobre la enana borde y medio tonta que hay en el mostrador de mi centro de salud sin que el grueso de la población mundial se te eche encima. A este fascinante mecanismo de control social se le denomina “corrección política”.
La corrección política ha conseguido que los libros de estilo de los periódicos sean actualizados con más frecuencia que los antivirus. Un buen día, por ejemplo, los paralíticos dejaron de ser paralíticos para ser inválidos. Entonces a alguien le pareció que inválido era una palabra horrible y dejaron de ser inválidos para ser minusválidos. Pero el minus le sentó mal a alguien, y pasaron a ser personas con movilidad reducida, que es lo que son ahora hasta que algún gilipollas diga: “¿Reducida? ¡¿Cómo que reducida?!”
Dicen algun@s que la palabra coñazo es machista a no ser que sea empleada en un sentido literal, algo así como: “¡Ven aquí, que te como el coñazo!” En ese sentido no es machista, ¿vale?
El problema es que, si hacemos caso a esa gente, hay palabras, como coñazo, que correrían el riesgo de desaparecer para siempre de nuestro idioma. Porque, seamos serios, ¿en cuántas conversaciones surge la necesidad de referirse a un “coño grande”? Eso por no hablar de lo relativo que resulta el tamaño del órgano sexual femenino (así, en frío, no soy capaz de saber si alguna vez en la vida he visto un coño notoriamente más grande que otro).
Si echamos mano de la etimología sin conocerla demasiado, como hacen los detractores del “lenguaje machista”, nos encontramos con otras expresiones que podrían llegar a ser muy problemáticas. No creo que a los liberales de izquierdas les haga gracia la expresión “hacer algo a derechas” como sinónimo de hacerlo bien. Y no creo que a los conservadores les guste la expresión “tener mano izquierda” referida a tener maña. ¿Y qué me decís de “adiós”? Como ateo, podría negarme a encomendar a Dios a las personas de las que me despido y negarme a que ellas lo hagan conmigo ("Eh, tío, Dios no existe, dime 'ta luego").
"Puta", hermosísima palabra española, presente incluso en nuestra más destacada obra literaria, es ahora una palabra perseguida. Más que eso, es un símbolo, el orgulloso estandarte de las palabras prohibidas.
Al parecer, en España los hombres ya no vamos de putas, sino de profesionales de la prostitución o mujeres víctimas de la explotación sexual. Con todo mi respeto hacia las putas y hacia su situación personal, ¿realmente necesitamos tanto background para que nos coman la polla por dinero? Es como si entramos en una Nike Store y pedimos “unas piezas de material sintético cosidas por menores chinos sin hogar en disposición tal que calienten nuestros pies” en vez de pedir unas zapatillas.
La manipulación del lenguaje ha llegado a tal grado que ahora, cuando un hijo de puta corre a hostias a su señora, para algunos resulta que es "terrorismo machista". Terrorismo, nada menos. Y claro, si el maltrato, luego llamado violencia de género, luego llamado violencia machista ahora resulta que es terrorismo, no tardará en llegar el día en que decir “coñazo” o “cojonudo” se considere apología del susodicho. O colaboración con banda armada, vete a saber.
Es lo que tiene vivir en un país de ricos con preocupaciones de ricos, que el hombre ya no viene del mono. Ahora es la persona quien viene de los grandes simios. Tócate l@s huev@s...
La corrección política ha conseguido que los libros de estilo de los periódicos sean actualizados con más frecuencia que los antivirus. Un buen día, por ejemplo, los paralíticos dejaron de ser paralíticos para ser inválidos. Entonces a alguien le pareció que inválido era una palabra horrible y dejaron de ser inválidos para ser minusválidos. Pero el minus le sentó mal a alguien, y pasaron a ser personas con movilidad reducida, que es lo que son ahora hasta que algún gilipollas diga: “¿Reducida? ¡¿Cómo que reducida?!”
Dicen algun@s que la palabra coñazo es machista a no ser que sea empleada en un sentido literal, algo así como: “¡Ven aquí, que te como el coñazo!” En ese sentido no es machista, ¿vale?
El problema es que, si hacemos caso a esa gente, hay palabras, como coñazo, que correrían el riesgo de desaparecer para siempre de nuestro idioma. Porque, seamos serios, ¿en cuántas conversaciones surge la necesidad de referirse a un “coño grande”? Eso por no hablar de lo relativo que resulta el tamaño del órgano sexual femenino (así, en frío, no soy capaz de saber si alguna vez en la vida he visto un coño notoriamente más grande que otro).
Si echamos mano de la etimología sin conocerla demasiado, como hacen los detractores del “lenguaje machista”, nos encontramos con otras expresiones que podrían llegar a ser muy problemáticas. No creo que a los liberales de izquierdas les haga gracia la expresión “hacer algo a derechas” como sinónimo de hacerlo bien. Y no creo que a los conservadores les guste la expresión “tener mano izquierda” referida a tener maña. ¿Y qué me decís de “adiós”? Como ateo, podría negarme a encomendar a Dios a las personas de las que me despido y negarme a que ellas lo hagan conmigo ("Eh, tío, Dios no existe, dime 'ta luego").
"Puta", hermosísima palabra española, presente incluso en nuestra más destacada obra literaria, es ahora una palabra perseguida. Más que eso, es un símbolo, el orgulloso estandarte de las palabras prohibidas.
Al parecer, en España los hombres ya no vamos de putas, sino de profesionales de la prostitución o mujeres víctimas de la explotación sexual. Con todo mi respeto hacia las putas y hacia su situación personal, ¿realmente necesitamos tanto background para que nos coman la polla por dinero? Es como si entramos en una Nike Store y pedimos “unas piezas de material sintético cosidas por menores chinos sin hogar en disposición tal que calienten nuestros pies” en vez de pedir unas zapatillas.
La manipulación del lenguaje ha llegado a tal grado que ahora, cuando un hijo de puta corre a hostias a su señora, para algunos resulta que es "terrorismo machista". Terrorismo, nada menos. Y claro, si el maltrato, luego llamado violencia de género, luego llamado violencia machista ahora resulta que es terrorismo, no tardará en llegar el día en que decir “coñazo” o “cojonudo” se considere apología del susodicho. O colaboración con banda armada, vete a saber.
Es lo que tiene vivir en un país de ricos con preocupaciones de ricos, que el hombre ya no viene del mono. Ahora es la persona quien viene de los grandes simios. Tócate l@s huev@s...
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