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domingo, 27 de diciembre de 2020

El descapotable rojo


Yo fui el primero de la reserva en conducir un descapotable. Y, por supuesto, era rojo, un Oldsmobile rojo. Era dueño de ese coche junto con mi hermano Stephan. Ambos éramos los dueños hasta que sus botas se llenaron de agua en una noche ventosa y él me compró mi parte. Ahora Stephan es el propietario de todo el coche, y su hermano pequeño Marty (es decir, yo) va caminando a todas partes. [...]

Louise Erdrich, "El descapotable rojo"

martes, 8 de diciembre de 2020

l'art de se déshabiller


 «…Entró en la muchacha como quien entra en sociedad: extasiado, fulgurante y esplendorosamente investido de una ceremonial fantasía del gesto, maravilla perdida de la adolescencia miserable…

… Y hasta que no empezó a despuntar el día en la ventana, hasta que la gris claridad que precede al alba no empezó a perfilar los objetos de la habitación, hasta que no cantó la alondra, no pudo él darse cuenta de su increíble, tremendo error. Sólo entonces, tendido junto a la muchacha que dormía, mientras aún soñaba despierto y una vaga sonrisa de felicidad flotaba en sus labios, la claridad del amanecer fue revelando en toda su grotesca desnudez los uniformes de satén negro colgados de la percha, los delantales y las cofias, sólo entonces comprendió la realidad y asumió el desencanto.

Estaba en el cuarto de una criada.»

"Últimas tardes con Teresa", Juan Marsé 

domingo, 20 de septiembre de 2020

Entrevista completa a Valle-Inclán en el diario «Luz», publicada el 9 de agosto de 1933



Al llegar de Roma por unos días el gran Ramón María del Valle-Inclán, que ocupa en la Ciudad Eterna el cargo de director de la Academia Española de Bellas Artes, hemos querido conocer sus impresiones de Italia. No nos ha sorprendido su posición actual: siempre ha sido un entusiasta de la historia latina y sus impresiones actuales son la reacción a su recio temperamento. Empezamos preguntando a Don Ramón:

—¿Qué impresión trae de Italia?

—Magnífica. La obra de Mussolini tiende principalmente a inculcar un ideal en su pueblo, un concepto de sacrificio. En esta hora tan llena de egoísmos, en Roma no existen, y por eso el pueblo italiano es el más dispuesto a sacrificarse por un ideal histórico, que es el único que pueden tener los pueblos.

—¿Y él pueblo italiano acepta de buen grado esos sacrificios?

—Desde luego. La primera impresión que se recibe en Italia es la de un pueblo satisfecho. Esto no quiere decir que no haya descontentos, pero no se advierten. Se ve, desde luego, a un pueblo en el cual la obra máxima que se aprecia es la de renovación de la fe en su destino histórico. El italiano de hoy es el más parecido al italiano del Imperio. Su mayor ambición es volver a ser en Europa lo que fue el Imperio romano. Tienen fe en su destino.

—¿No podía ser esto solo apariencia, una consecuencia de tener al pueblo con cuarenta grados de fiebre, como dijo Mussolini?

—No. Italia vive horas de sacrificio y de exaltación, y por eso tiene el pueblo italiano gran fervor religioso en el aspecto histórico, naturalmente. Mussolini ha resucitado la tradición de las fiestas y conmemoraciones. Roma es una sede de conmemoraciones. Toda la política italiana es hoy un jubileo. Constantemente se celebran en la capital aniversarios de su historia para resucitar todo su gran pasado histórico.

—¿Tienen más importancia estas fiestas que las que celebra el Vaticano?

domingo, 6 de septiembre de 2020

Negra noche


 Con briosa media vuelta enfila decidida la salida. ¿Decidida? Con el primer traspié se evidencia que va más pedo de lo que creía y que su caminar no será el esperado para una digna salida de escena. ¿Y que? Será suficiente con no acabar en el suelo, ni atropellar al camarero con todo el estropicio de los vasos rotos; el pobre Mauro es muy bizco y sería muy ridículo el encuentro entre dos que no van por donde miran. Pero alcanza la calle sin incidentes y sin escuchar pasos a su espalda. Se vuelve un instante para estar segura. Nadie. “ ¡Buf! Menos mal”. No estaba segura de si el mancebo repudiado se rendiría con tanta facilidad. Ahora lo de menos es haber huido en el momento que huye una calienta pollas, lo grave es la frustración que ha dejado atrás. Aprieta el paso, cambia de acera y enfila por la primera bocacalle que encuentra. Mejor que no sea un camino recto a casa. Siente los latidos desbocados de su corazón como golpes de tambor y la incomodidad de las bragas enrolladas debajo del culo, el sujetador suelto y las tetas campaneando como las de una vaca; también un raro frescor en la entrepierna “Tía… ¿Pero cuanto te has mojado? Mierda de noche, joder” y “Un rubio majísimo, no es un rumano zafio, con una barba como la del troll Holley. Cabronas. Me las pagareis” masculla mientras se aleja un poco tambaleante, a pesar de que su taconeo aún suena ligero rompiendo el silencio.