Si algo define los tiempos en los que vivimos es la falta de ilusión. Una tremenda falta que se ha expandido sin dejar a nadie a salvo. Y con la falta de ilusión, la pérdida de la esperanza, porque ya no creemos en nada, o en casi nada. Perdimos la perspectiva del mañana y la creencia en que una nueva forma de vivir, de convivir, en definitiva, era posible. Algo ha cambiado, y a peor, no cabe duda. Somos incapaces incluso de engañarnos para que la soga de la que se vale la desesperanza no nos apriete cada día un poco más. El desencanto es colectivo y traspasa de manera silenciosa el día a día de cada uno, transformándolo en una suerte de desvelo desangelado. Todos se va convirtiendo en un una ficción bizarra, en la que el pulso vital de la sociedad se apaga poco a poco. No soy yo, eres tú; o quizá es al revés, no eres tú, soy yo. Una grieta inmensa en la que caben mil vidas enteras aplastadas por el amansamiento y la bajeza de quienes nos gobiernan.
Felipe sin Tierra by Felipe Postigo is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
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viernes, 5 de agosto de 2016
miércoles, 20 de julio de 2016
Kitsune
Una tarde la conoció en un vasto páramo y se casó con ella. Simultáneamente con el nacimiento de su hijo, Ono adquirió un cachorro de perro y a medida que crecía se volvía más y más hostil con la mujer del páramo. Ella suplicó a su esposo a que lo matara, pero él se negó. Un día el perro la atacó con tanta furia que ella perdió el coraje, se convirtió en loba, saltó el cerco y huyó.
"Tu puedes ser loba", Ono le respondía, "pero eres la madre de mi hijo y yo te amo. Regresa cuando puedas; tú siempre serás bienvenida".
Así cada tarde ella se escabulliría a la casa y dormía en sus brazos.
jueves, 30 de junio de 2016
Esperanza y el Mundo
Soy un esperanzado a rabiar y un convencido de que después de la tormenta viene la calma; de que existe el mal para que refulja el bien; soy un apostador por la tierra que me vio nacer aunque yo no viviré tanto como para ver al lucero de la mañana y los arreboles que prenuncien la llegada de nuevos y mejores tiempos...
martes, 31 de mayo de 2016
Lógica recalentada
Tendidos
sobre las sábanas, miran absortos al blanco inmaculado del techo. La poca luz de una tarde que se muere, se
filtra por los visillos y baña sus cuerpos desnudos con un azul mortecino.
Silvia, se
diría que hablando para sí misma, susurra ciertos hechos ocurridos en el bar
Balaitus, cuando el cocinero quiso apuñalar a su ayudante a la vista de todo el
mundo. Beti y Macu, las dos chicas que atienden el mostrador, se refugiaron
aterrorizadas en el rincón de la cafetera tan pronto como la trifulca salió de
la cocina. Los clientes, que gracias a Dios eran pocos en aquel momento, y ella
misma, no acertaron más que observar atónitos la escena. Menos mal, que la
señora Clara, una sesentona que echa una mano hasta que le llegue la hora de la
jubilación, tuvo más valor y más serenidad que nadie y a golpe de empujones y
de levantar la voz por encima de los contrincantes, puso fin a la refriega.
David, dueño del bar y novio de Silvia, aseguró nada más enterarse que tomaría
medidas y que aquello no volvería a repetirse, pero al final no despidió al
cocinero, por considerarlo la verdadera alma del negocio, y tampoco a su rival
porque este fue más rápido asegurando que se iba para poner denuncias contra el
cocinero y contra el local.
Silvia hace
un receso para maniobrar y recoger sin dejar caer chispas, el porro que le pasa
Jeremías. Una densa voluta de humo se ha estacionado sobre sus cabezas y gira
mansa en dirección a la ventana. Desde la calle llega el murmullo sordo y
racheado del tráfico y un estrépito de voces de niños que se clavan como agujas
en los tímpanos.
martes, 19 de abril de 2016
Calle Mayor
Una pandilla de talluditos pequeñoburgueses de provincias se ingenian chanzas de dudoso gusto con objeto de romper el rutinario círculo de actividades lúdicas que amenizan sus tristes espíritus. El paseíllo por la calle mayor, la partidita de billar, las copichuelas en el bar y la visita al burdel municipal no colman la totalidad de las apetencias tabernarias de estas aves rapaces, con lo que el escarnio y la chirigota resultan indispensables para culminar sus elevadas aspiraciones y poder echarse unas sonoras risotadas a costa del prójimo.
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