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miércoles, 20 de julio de 2016

Kitsune


Una tarde la conoció en un vasto páramo y se casó con ella. Simultáneamente con el nacimiento de su hijo, Ono adquirió un cachorro de perro y a medida que crecía se volvía más y más hostil con la mujer del páramo. Ella suplicó a su esposo a que lo matara, pero él se negó. Un día el perro la atacó con tanta furia que ella perdió el coraje, se convirtió en loba, saltó el cerco y huyó.

"Tu puedes ser loba", Ono le respondía, "pero eres la madre de mi hijo y yo te amo. Regresa cuando puedas; tú siempre serás bienvenida".

Así cada tarde ella se escabulliría a la casa y dormía en sus brazos.

jueves, 30 de junio de 2016

Esperanza y el Mundo


Soy un esperanzado a rabiar y un convencido de que después de la tormenta viene la calma; de que existe el mal para que refulja el bien; soy un apostador por la tierra que me vio nacer aunque yo no viviré tanto como para ver al lucero de la mañana y los arreboles que prenuncien la llegada de nuevos y mejores tiempos...

Rafael Muci-Mendoza

martes, 31 de mayo de 2016

Lógica recalentada


Tendidos sobre las sábanas, miran absortos al blanco inmaculado del techo.  La poca luz de una tarde que se muere, se filtra por los visillos y baña sus cuerpos desnudos con un azul mortecino.
Silvia, se diría que hablando para sí misma, susurra ciertos hechos ocurridos en el bar Balaitus, cuando el cocinero quiso apuñalar a su ayudante a la vista de todo el mundo. Beti y Macu, las dos chicas que atienden el mostrador, se refugiaron aterrorizadas en el rincón de la cafetera tan pronto como la trifulca salió de la cocina. Los clientes, que gracias a Dios eran pocos en aquel momento, y ella misma, no acertaron más que observar atónitos la escena. Menos mal, que la señora Clara, una sesentona que echa una mano hasta que le llegue la hora de la jubilación, tuvo más valor y más serenidad que nadie y a golpe de empujones y de levantar la voz por encima de los contrincantes, puso fin a la refriega. David, dueño del bar y novio de Silvia, aseguró nada más enterarse que tomaría medidas y que aquello no volvería a repetirse, pero al final no despidió al cocinero, por considerarlo la verdadera alma del negocio, y tampoco a su rival porque este fue más rápido asegurando que se iba para poner denuncias contra el cocinero y contra el local.
Silvia hace un receso para maniobrar y recoger sin dejar caer chispas, el porro que le pasa Jeremías. Una densa voluta de humo se ha estacionado sobre sus cabezas y gira mansa en dirección a la ventana. Desde la calle llega el murmullo sordo y racheado del tráfico y un estrépito de voces de niños que se clavan como agujas en los tímpanos.

martes, 19 de abril de 2016

Calle Mayor


Una pandilla de talluditos pequeñoburgueses de provincias se ingenian chanzas de dudoso gusto con objeto de romper el rutinario círculo de actividades lúdicas que amenizan sus tristes espíritus. El paseíllo por la calle mayor, la partidita de billar, las copichuelas en el bar y la visita al burdel municipal no colman la totalidad de las apetencias tabernarias de estas aves rapaces, con lo que el escarnio y la chirigota resultan indispensables para culminar sus elevadas aspiraciones y poder echarse unas sonoras risotadas a costa del prójimo.

domingo, 3 de abril de 2016

Hombres Nuevos


Una Revolución sólo es auténtica cuando es capaz de crear un "Hombre Nuevo" y este, para Guevara vendrá a ser el hombre en el siglo XXI, un completo revolucionario que debe trabajar todas las horas de su vida; debe sentir la revolución por la cual esas horas de trabajo no serán ningún sacrificio, ya que está implementando todo su tiempo en una lucha por el bienestar social; si esta actividad es lo que verdaderamente complace al individuo, entonces, inmediatamente deja de tener el calificativo de "sacrificio". Esto debe ser una cualidad fundamental en el Revolucionario, sentir la misma –revolución- como tal, para trabajar con esmero. Pero no todo es tan simple, como en todo existe también su lado oscuro, la parte más dura de ser un revolucionario es que se deben definir de manera precisa los sentimientos, ya que todo revolucionario debe estar impulsado por grandes cantidades de amor aunado a un gran espíritu apasionado; para así realizar un caudal de acciones y hechos concretos orientados hacia un solo objetivo, lograr mejoras en el ambiente social. Estas dos condiciones o cualidades para ser revolucionario deben estar respaldadas por un factor fundamental que tiene que estar presente en la actitud de dicho individuo, y viene siendo la vigencia de una mente fría y calculadora que ayudará, sin duda alguna, a tomar decisiones dolorosas que no permitan ni siquiera la contracción de un músculo.


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