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lunes, 15 de febrero de 2016

¡Cállate!



A menudo algún que otro indignado me llama por teléfono para insultarme y gritarme. No me daré por vencido.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Sombras de ángeles / Pecadores

Abro las ventanas con el deseo de que este lapsus de sol que nos regala el temporal purifique las estancias. Nada me resulta tan familiar como esperaba; mucho menos el olor a polvo y madera vieja que me embota la nariz. Tampoco recordaba la espiga del suelo, ni el cuadro de la entrada , ni el color de las paredes; apenas el piano y algunos muebles. El comedor es un solar, la cocina parece que fue abandonada con urgencia y el pasillo se me antoja demasiado largo, interminable cuando me pongo a recorrerlo. Dudo cual era mi cuarto ¿La tercera o la cuarta puerta? Opto por una y acierto. La cama está desmontada contra un rincón, el ropero vacío y abierto de par en par. No queda más rastro de mí que un desvencijado poster del Real Madrid y el escritorio contra la pared. Me acerco con cuidado, como si temiera del sonido de mis propios pasos y también abro esa ventana para ver los detalles. Nada que ver, salvo la lámpara que el tio Abelino me trajo de Francia y que mi madre colgó del techo, a pesar de encontrarla horrorosa, por que estaba convencida de que era carisma.
-¡Mama!- repito como la misma congoja de hace un rato y no se porqué me viene ahora a la cabeza en la otra casa, cuando aun vivíamos en la calle Joaquín Costa: Una tarde, al volver del colegio, la encontré llorando en la escalera, tan desconsolada que me hizo llorar también a mí aun antes de saber que ocurría. El camión del Butano acababa de aplastar a Martín; un hermoso animal blanco y negro que sólo se dejaba acariciar por nosotros dos y que dormía en mi cama desde cachorro. Sabio, silencioso e infatigable observador de ojos inmensos y enorme cabezón. Con algunos hosco pero que en buena relación superaba en bondad a cualquiera de la familia -Nunca más tuvimos gato-
Hago un esfuerzo para no dejar aflorar las lágrima

jueves, 15 de octubre de 2015

La china del Babylon

[…] En Umagri ya habían llegado los malos tiempos y aquel fue uno de esos viajes que emprendía sabiendo que no había nada que rascar. Pero Martínez era así, más preocupado por cumplir con las citas establecidas desde tiempos del abuelo Benancio, que en poner al día un negocio que cada vez ofrecía menos de lo que demandaban los nuevos clientes.

No entré en Zaragoza, no hice más que un par de visitas en Binefar y otras dos en Lérida capital, donde además tomé un par de cañas antes de ir a cenar, como siempre, a La Fusta. Al terminar, Fuster estaba liado en la cocina y no salió a echar una parrafada con migo, así que sin perder tiempo me puse en camino con la idea de hacer noche en Barcelona y bajar al Delta por la mañana. En todo caso, allí caería algo, si había de caer.

Pasé de largo por el Anastasia y si no hice lo propio con el Babylon, fue porque me venció la tentación, al observar que el parking estaba despejado de camiones. La tentación, o para ser objetivo, fue la curiosidad: Rafaelito Minguela, el comercial de FiatAgri, me había hablado de decadencia absoluta, incluso dado detalles que me costaba creer del franchute y más aun de la bruja de Marta.