Cada día soy más consciente de lo poco que sé. Hoy me he dado cuenta de que desconocía si la blasfemia era delito en España. Se lo he consultado a una compañera, joven abogada siempre dispuesta a hablar de leyes, y hemos acabado opinando con la soltura que nos caracteriza sobre qué debería ser materia regulable y qué no. Ni más ni menos.
Al final, yendo de una cosa a otra y manejando varias fuentes de acceso público que a mí me parecen increíbles, hemos seguido el rastro del puritanismo sobre la ley actual. No tiene esto nada que ver con la cuestión del principio, pero los hallazgos son dignos de compartirse. Tal vez sean restos de antiguas normas que ya no se aplican en la realidad, no lo sé, desconozco la jurisprudencia al respecto, aunque figuran como leyes en pleno vigor, no precisamente sexual. Habrá lectores a quienes les parezca un exceso y otros a quienes, quizá, les gustaría que la dura lex fuese más dura. En cualquier caso, no es mi intención polemizar sino ayudarles a no tener problemas legales cuando viajen por el mundo. Por primera vez escribo un texto útil. La belleza la dejaremos para mejor momento. Al fin y al cabo, parece sentencia asumida que éstos son malos tiempos para la lírica.



